“Nos toca vivir un tiempo creciente que requiere la masificación de la cultura y del conocimiento”, dice, aludiendo al impacto de la revolución tecnológica sobre el mundo laboral y sobre las estructuras sociales. La transformación que se avecina no es solo económica: redefine quién accede a oportunidades y qué capacidades serán necesarias para sostener una vida digna. Mujica plantea que los antiguos sectores excluidos, “los que llamábamos proletarios”, serán los que tendrán que estar dentro de las universidades, porque sin calificación no habrá trabajo que genere valor. No se trata solo de preparar “recursos humanos”, sino de pensar en seres humanos con herramientas para comprender y transformar su tiempo.
El expresidente uruguayo afirma que esta masificación del conocimiento no puede lograrse sin una transformación ética de quienes enseñan: “No puede haber enseñanzas y maestros sin profesores. Pero el uno y el otro no son una profesión para ganarse la vida solo, son un compromiso”. En un contexto de ampliación del acceso, sostiene que el mayor riesgo es la pérdida de calidad si no se sostiene el componente vocacional y ético de la docencia.
La enseñanza del futuro dependerá tanto de la capacidad profesional como del grado de compromiso de cada docente con el destino de las generaciones que vienen. La pregunta que deja abierta, más que retórica, interpela directamente a quienes educan: “¿Van a estar a la altura de la enorme responsabilidad?”. Y llama a un ejercicio personal de conciencia: “Cada cual que esté metido en esa profesión tiene que mirarse en el espejo y pensar en la responsabilidad social que tiene”.
Desde Fundación COLSECOR compartimos estas palabras como parte del pensamiento vivo de nuestro presidente honorario. En un tiempo donde el acceso al conocimiento convive con su banalización, su llamado a la responsabilidad social de educar no solo interpela al sistema, sino a cada persona que elige enseñar. Porque formar no es solo capacitar: es comprometerse con el destino colectivo.





