Mujica y el modelo de humanidad: Bienestar, pero con sostenibilidad
Mujica propone una mirada política y social sobre cómo se construyen los hábitos, las prioridades y hasta las formas de convivencia. La cultura, en su acepción más profunda, no se reduce a un conjunto de prácticas simbólicas, sino que expresa qué tipo de humanidad estamos modelando.
Uno de los ejemplos más contundentes que desarrolla es el de la India, donde, por razones religiosas, se evitó sistemáticamente el sacrificio de las vacas. El hecho glorioso de no matar a la vaca es lo que le garantizó a la India el chorrito de proteína animal. Porque si no la matás, tenés leche toda la vida, explica durante su discurso en la Sesión Plenaria de la Celac-UE 2013. Su razonamiento apunta a mostrar que muchas veces las soluciones funcionales a la vida pueden estar por fuera de las lógicas impuestas por el mercado.
El problema es que nuestra cultura está embebida de lo que le conviene a la acumulación de carácter capitalista, continúa. Esta impregnación cultural, según Mujica, termina desdibujando el sentido de lo que verdaderamente importa: el bienestar colectivo, la sostenibilidad del planeta, la calidad del lazo humano.
No es funcional a la vida, define. Y advierte que esa contradicción se hace evidente cuando se exige, por ejemplo, una ciudadanía comprometida con el medio ambiente sin haber sembrado en ella valores contrarios al individualismo. Después queremos cuidar el medio ambiente, pero no educamos al pichón desde abajo.
Desde Fundación COLSECOR compartimos este pensamiento como parte de la intervención permanente de Mujica sobre los grandes desafíos contemporáneos. En tiempos en que se impone revisar las bases de nuestras decisiones colectivas, su llamado a una cultura más acorde a las necesidades de la vida sigue siendo una provocación indispensable.