Mujica y la riqueza concentrada: Sin organización social, la democracia se debilita

José “Pepe” Mujica reflexionó sobre uno de los dilemas más profundos de la organización económica contemporánea: la creciente concentración de la riqueza y su impacto sobre la democracia, la libertad y la vida colectiva.
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Desde su mirada política y social, planteó que este proceso no solo incrementa la desigualdad, sino que pone en riesgo las bases de la convivencia democrática.

“La concentración de la riqueza es un fenómeno cada vez más brutal. Y si no se corrige, va a terminar destruyendo la democracia”, afirmó durante su ponencia en 7° Jornada COLSECOR (Mayo, 2016). Para Mujica, la respuesta a este fenómeno no puede limitarse a mecanismos técnicos o económicos. Requiere organización, participación y alternativas reales. En ese marco, el cooperativismo no aparece como una herramienta neutral, sino como una forma de resistencia activa. “El cooperativismo es una respuesta política frente a esa concentración. No es solo una forma de producir, es una forma de organizarse para no ser barrido”.

Su planteo toma distancia de cualquier mirada idealista o meramente administrativa. Lo que está en juego, señala, es la libertad real de las personas. “No hay libertad real cuando unos pocos tienen todo y la mayoría vive al límite”. Por eso, insiste en que el movimiento cooperativo debe sostener conciencia política, no solo eficiencia técnica. “El movimiento cooperativo tiene que tener conciencia de que está en lucha contra un modelo. Si no tiene eso claro, se mimetiza y desaparece.”

Mujica advierte que el problema no es el capital en sí, sino su desregulación y su utilización alejada de todo criterio social. “El capital solo no resuelve nada. Si no hay organización social que lo oriente, se convierte en un monstruo sin control”, propone a manera de una visión del desarrollo que articule economía, democracia y justicia social como elementos inseparables.

Desde Fundación COLSECOR rescatamos el pensamiento vivo de nuestro presidente honorario como una manera de confirmar que la tarea de construir una sociedad más equitativa requiere estructuras organizativas concretas, capaces de hacer frente a las lógicas de concentración y exclusión que marcan el presente.