Mujica y una advertencia sobre el modelo: Gobernar la globalización

Durante la sesión plenaria de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), celebrada en Brasil el 20 de junio de 2012, el entonces presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, expresó un mensaje disruptivo, que trasciende el lenguaje habitual de la diplomacia y propone una crítica estructural al modelo económico dominante.
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Lejos de limitarse a reafirmar los consensos formales de la agenda climática, Mujica apeló a una pregunta radical: “Toda la tarde se ha estado hablando del desarrollo sustentable y de sacar a inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo es el actual de las sociedades ricas?”. En ese interrogante, articulado frente a 139 delegaciones internacionales, situó el verdadero dilema: el problema no es técnico ni exclusivamente ambiental. Es político y civilizatorio.

Desde esa perspectiva, advirtió: “El mundo tiene los elementos hoy, materiales, como para hacer posible que 7.000 u 8.000 millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales. ¿Será posible? ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?”

La crítica de Mujica no apuntó únicamente a la inequidad global, sino también a la lógica interna de las sociedades modernas. “Lo que fue economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización. ¿Estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros?”, se preguntó.

Desde esa lógica, planteó que no es posible hablar de solidaridad en un contexto donde reina la competencia despiadada, ni pensar en sostenibilidad si se persiste en un esquema de hiperconsumo como eje de funcionamiento. “El hiperconsumo es el que está agrediendo al planeta. Y tiene que generar cosas que duren poco porque hay que vender mucho”, advirtió. “Una lamparita eléctrica no puede durar más de mil horas, pero hay lamparitas que podrían durar cien mil. Esas no se pueden hacer, porque el problema es el mercado.”

Con una síntesis que recuerda a los clásicos del pensamiento humanista, propuso: “La gran crisis no es ecológica, es política. El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado. Las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al hombre.” Y a partir de esa idea, trazó un nuevo horizonte: “No podemos indefinidamente seguir gobernados por el mercado. Tenemos que gobernar el mercado.”

Para Mujica, el centro del problema es también el centro de la vida: el sentido del tiempo, del trabajo, del consumo. “Venimos a la vida intentando ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida.” En ese punto, interpela directamente las formas de vida contemporáneas: “Si la vida se me va trabajando para consumir un plus, ¿esa es la vida humana?”

Desde Fundación COLSECOR compartimos este mensaje como parte del pensamiento activo de nuestro presidente honorario. Un pensamiento que recupera el lugar de la política como posibilidad de gobernar lo común, de orientar la economía hacia la equidad y la vida digna. “Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana”, concluyó entonces Mujica.