¿Cómo impacta la calidad del aire en la salud pública?

Damián Verzeñassi es médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario. En esta entrevista, explica las implicancias de la calidad del aire en la vida de las comunidades. Detalla estrategias para mejorar la situación y defiende la idea de que respirar aire limpio es un derecho, no un privilegio.
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En el marco del proyecto BiocomunidadDamián Verzeñassi,  médico especialista en medicina integral ofrece un análisis sobre el impacto de la calidad del aire en la calidad de vida de las comunidades y en la salud pública. 

Cuando hablamos de aire limpio, solemos pensar en cielos despejados o en la ausencia de humo visible. Sin embargo, desde una perspectiva de salud pública, respirar aire limpio significa algo mucho más profundo: inhalar aire que no enferme, que no dañe los pulmones, el corazón ni el cerebro, y que no comprometa la vida presente ni futura.

Los informes La vida hecha humo del Instituto de Salud Socioambiental (InSSA) de la Universidad Nacional de Rosario y Aire puro es salud, del Colegio de Médicos de Santa Fe, advierten que el aire puede parecer respirable y, aun así, estar cargado de contaminantes invisibles pero altamente peligrosos. Entre ellos se destaca el material particulado fino como el PM10 (partículas suspendidas en el aire de menos de 10 µm de diámetro) y sobre todo las PM2.5 que son más pequeñas. Ambas, capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio, llegar a los alvéolos pulmonares e incluso ingresar al torrente sanguíneo .

La Organización Mundial de la Salud, citada en ambos trabajos, estima que la contaminación del aire causa millones de muertes prematuras cada año en el mundo, confirmando que no se trata solo de un problema ambiental, sino de una crisis sanitaria global.

¿Respiramos lo mismo en una gran ciudad que en un pueblo pequeño?

Al analizar el tema, Verzeñassi sostuvo que “la respuesta corta es no. La larga es más compleja. Las grandes ciudades concentran tránsito vehicular, industrias, densidad poblacional y emisiones constantes, lo que suele traducirse en peores índices de calidad del aire de manera sostenida. América Latina no es la excepción: los informes señalan que las principales áreas urbanas de la región registran niveles de contaminación superiores a los recomendados por la OMS. Sin embargo, los pueblos y ciudades pequeñas tampoco están a salvo. Durante los incendios en el Delta del Paraná del año 2020, localidades cercanas a los focos de fuego -muchas sin sistemas de monitoreo ni infraestructura sanitaria adecuada- estuvieron expuestas a picos extremos de contaminación, con concentraciones de partículas que llegaron a quintuplicar los valores permitidos, como ocurrió en Rosario. En otras palabras, el riesgo no depende solo del tamaño de la ciudad, sino del territorio, del modelo productivo y de la capacidad del Estado para prevenir y responder”.


Cuando el aire enferma: impactos concretos en la salud

El especialista explica que respirar aire contaminado no es una molestia pasajera. “Los informes documentan efectos agudos y crónicos: aumento de consultas por problemas respiratorios, exacerbación del asma, enfermedades cardiovasculares, alteraciones neurológicas e incluso daños genéticos y epigenéticos, con consecuencias que pueden transmitirse a futuras generaciones. Durante los incendios, hospitales y centros de salud registraron incrementos significativos en la demanda de atención, lo que tensionó sistemas ya debilitados y expuso una realidad incómoda: el aire contaminado también colapsa la salud pública”.


No todos se enferman igual: quiénes son los más vulnerables

El director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), detalló que “Los informes identifican grupos especialmente expuestos: Niñas y niños, adultos mayores, personas con enfermedades respiratorias crónicas, embarazadas y comunidades empobrecidas y con menor acceso a servicios de salud”.

Sostuvo además que en contextos de desigualdad, respirar aire contaminado profundiza las brechas existentes. Por eso, los equipos de la UNR implementaron dispositivos sanitarios específicos durante los incendios, que permitieron certificar daños en la salud y acompañar reclamos legales y sanitarios de la población afectada.


¿Qué se puede hacer para cambiar esta realidad?

Verzeñassi asegura que los informes son contundentes: el aire no se contamina solo. Detrás del humo hay decisiones políticas, modelos productivos y omisiones estatales. Entre las medidas recomendables señala el hecho de prevenir y sancionar quemas e incendios, monitorear la calidad del aire con datos públicos y accesibles, fortalecer los sistemas de salud frente a eventos de contaminación, implementar políticas de reparación socioambiental, así como proteger a las comunidades afectadas.


Respirar aire limpio es un derecho, no un privilegio

Finaliza asegurando que “los incendios del Delta del Paraná dejaron una enseñanza clara: cuando se quema un territorio, también se queman pulmones, vidas y futuros. Respirar aire limpio no debería ser una excepción ni una aspiración, sino una condición básica para vivir con dignidad. Como advierten los informes, seguir naturalizando el humo es aceptar un modelo que convierte regiones enteras en zonas de sacrificio, donde la salud humana y ambiental se paga al precio del extractivismo. Defender el aire limpio es, en definitiva, defender la vida”.