El crecimiento del comercio electrónico modificó en el mundo las dinámicas de consumo, venta y distribución, y se consolidó con fuerza en los últimos años, especialmente después de la pandemia por Covid-19: desde empresas familiares que hoy pueden expandir sus productos, más allá de sus fronteras locales, hasta grandes plataformas que organizan el intercambio que realizan los consumidores a escala global. Sin embargo, su crecimiento también trae tensiones y desafíos, especialmente para las economías locales y las producciones de pequeña escala.
Desde esta agenda pública, la Fundación Colsecor se propone analizar las oportunidades que brinda el e-commerce en países como Argentina, signados por territorios extensos y desiguales, pero, además, propone abrir preguntas sobre su impacto en el desarrollo local. En ese marco, surgen algunos interrogantes clave: ¿cuáles son los actores dominantes del comercio online y qué rol cumplen? ¿Qué diferencias existen en sus modelos de operación y logística? ¿Qué desafíos enfrentan las economías regionales ante la expansión de estas plataformas? ¿Está preparada la infraestructura en Argentina para acompañar un modelo de comercio digital cada vez más intensivo en logística y distribución?
Origen del e-commerce en Argentina
Argentina fue el primer país de América Latina en conectarse a Internet, en 1990. Unos años antes, en 1987, se había registrado oficialmente el dominio geográfico .ar. Las primeras conexiones civiles y comerciales se dieron en 1995 y, poco después, las primeras conexiones de banda ancha. A fines de esa década, comienzan a aparecer también los primeros dispositivos móviles con acceso a la red, antecedentes de los actuales smartphones.
En 1999 tienen lugar dos hitos fundamentales para el desarrollo del comercio electrónico en el país: la creación de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) y el nacimiento de Mercado Libre, inicialmente como un sitio de subastas online, y hoy el mayor actor dentro del e-commerce local y uno de los principales a nivel regional. Este breve recorrido, extraído del Nic.ar (2022) permite entender la base tecnológica e institucional sobre la cual se expandió el comercio digital en las décadas siguientes en Argentina.
El crecimiento del e-commerce local ha sido sostenido durante los últimos años, intensificándose desde la pandemia. La Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) informó que, en 2025, hubo un aumento en la facturación del 55% en comparación con el año anterior.
Otras de las características del e-commerce en Argentina es que se consolida como práctica la omnicanalidad, es decir, la estrategia de unificar los canales físicos y digitales para mayor comodidad del cliente, así puede comenzar una compra en una tienda física y finalizarla en una tienda online (sitio web, redes sociales, whatsapp) y viceversa. Según CACE, en 2025, el 85% de los consumidores afirmó haber buscado información online antes de concretar una compra en una tienda física, principalmente a través de buscadores (59%) y marketplaces (plataformas virtuales que reúnen compradores y vendedores), en un 36%. A su vez, el 62% de las empresas ya implementa Inteligencia Artificial en sus procesos, principalmente en áreas de marketing, publicidad y experiencia de usuario.
Ahora bien, ¿cómo se desagrega concretamente el e-commerce? En primer lugar, no está compuesto por un único tipo de actor, sino por una red de plataformas, operadores logísticos, retailers y servicios de última milla que cumplen funciones diferenciadas. Sin embargo, no todos tienen el mismo nivel de control sobre el proceso: mientras algunas empresas integran toda la cadena (desde la venta hasta la entrega), otras sólo cumplen con una parte del circuito.
Actores del e-commerce y estructura del sistema
Uno de los rasgos centrales del comercio electrónico es la coexistencia de distintos tipos de actores con funciones específicas y niveles de presencia y control diferenciados.
a) Mercado Libre
Una plataforma como Mercado Libre no se limita a intermediar ventas, sino que articula un ecosistema que incluye pagos, logística y distribución. Su funcionamiento depende de una red de infraestructura física cada vez más compleja: grandes centros de almacenamiento, generalmente localizados en grandes áreas urbanas, sistemas automatizados de clasificación de productos y una red de distribución que combina recursos propios y tercerizados.
Como describe un informe periodístico sobre sus centros de distribución, el sistema logístico de Mercado Libre funciona con cintas transportadoras de varios kilómetros, escáneres permanentes y procesos automatizados que permiten clasificar y despachar miles de paquetes por hora. En estos espacios, la intervención humana se combina con tecnologías de seguimiento en tiempo real que optimizan recorridos y tiempos de entrega. Este tipo de infraestructura muestra que detrás de cada compra online existe una organización material altamente compleja, intensiva en tecnología, espacio físico (cada vez, requieren más depósitos para almacenamiento y clasificación de productos) y acceso a redes de transporte eficientes.
b) Amazon
Amazon representa el modelo más avanzado de integración logística a nivel global. Combina marketplace, almacenamiento, distribución y última milla bajo una estructura centralizada y altamente tecnificada. Aunque su presencia en Argentina es limitada, su modelo permite ver hacia dónde va el sector: el control creciente de toda la cadena de valor, desde el stock hasta la entrega final.
En este contexto, el crecimiento de las compras internacionales también comienza a ganar relevancia en el mercado local. Plataformas como Temu o Shein, junto con el propio Mercado Libre en su modalidad de envíos desde el exterior, están ampliando la oferta disponible para los consumidores argentinos.
c) Plataformas para pymes
A diferencia de los marketplaces, plataformas como Tiendanube o Empretienda funcionan como infraestructura digital para que cada comercio gestione su propia tienda online. Este modelo otorga mayor autonomía a las pymes (sobre su marca y relación con sus clientes), pero también implica resolver desafíos vinculados a la visibilidad, la logística y la generación de tráfico. ¿Cómo operan? dependen de servicios logísticos externos, lo que reduce su capacidad de control sobre tiempos y costos de entrega.
d) Empresas de logística
Las empresas logísticas constituyen un soporte fundamental del comercio electrónico. Distintos operadores del sector (tanto privados como el Correo Argentino) gestionan redes de distribución a escala nacional que incluyen almacenamiento, clasificación y transporte.
En particular, el Correo Argentino cumple un rol estratégico en términos de cobertura territorial, ya que llega a zonas donde los operadores privados no siempre tienen presencia. Esto lo convierte en un actor clave para entender cómo se organiza el acceso en todo el país. Sin embargo, su rol estratégico también se ve tensionado por problemas estructurales. En distintas regiones del país, se han registrado conflictos vinculados al cierre de sucursales, lo que afecta directamente a comunidades pequeñas que dependen del servicio postal para enviar y recibir productos. En la provincia de Río Negro, por ejemplo, se presentaron amparos judiciales contra el cierre de oficinas del Correo Argentino que dejaban a localidades sin cobertura, evidenciando cómo la infraestructura logística no solo es un componente económico, sino también un factor de integración territorial y acceso a derechos.
e) Retailers tradicionales digitalizados
Las grandes cadenas minoristas representan un modelo intermedio entre lo físico y lo digital. A diferencia de las plataformas puras, cuentan con infraestructura previa -tiendas, depósitos, redes de distribución- que han ido adaptando al comercio electrónico. Sin embargo, les cuesta competir con plataformas como Mercado Libre porque no tienen el mismo nivel de integración tecnológica ni concentran todas las ventas en un solo lugar.
f) Ultima milla
Las plataformas de delivery como Rappi y PedidosYa, representan el tramo final del proceso logístico. Su expansión está asociada a la demanda de entregas rápidas, especialmente en entornos urbanos. Sin embargo, informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y divulgaciones académicas advierten que el trabajo en plataformas digitales de reparto se caracteriza por altos niveles de informalidad y falta de protección social. En muchos casos, los trabajadores no cuentan con ingresos estables, cobertura de salud ni representación colectiva. Como señala este informe del CIPPEC, hay “un empeoramiento generalizado de las principales condiciones laborales: las personas que trabajan para plataformas dedican, en promedio, cada vez más horas para poder mantener su poder adquisitivo y dependen en su mayoría del ingreso generado en la plataforma”. Esto, claramente, plantea nuevos retos para la regulación del empleo en la economía digital.
¿Más e-commerce, más desarrollo regional?
El comercio electrónico reorganiza las formas tradicionales de intercambio al habilitar la posibilidad de vender desde cualquier punto del país. Esto abre oportunidades para economías locales y producciones de pequeña escala, que pueden acceder a mercados más amplios sin necesidad de intermediarios tradicionales.
Distintos sectores productivos regionales han logrado ampliar su alcance a través de plataformas digitales: alimentos regionales, textiles artesanales, productos de economías familiares o cooperativas comenzaron a insertarse en circuitos comerciales de mayor escala. Hoy es cada vez más frecuente que un producto elaborado en una localidad del sur llegue a consumidores del norte del país, y viceversa, llegando a más lugares históricamente limitados por la distancia.
Durante la pandemia, este proceso se aceleró de manera significativa. Para muchos emprendedores y comercios, el e-commerce no fue solo una alternativa, sino lo que hizo posible sostener la actividad en un contexto de aislamiento y caída del consumo presencial. Informes sectoriales de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) y notas periodísticas hicieron visible cómo miles de pequeños comercios migraron de forma forzada al canal digital, y eso hizo que muchos hábitos de consumo llegaran para quedarse.
Más allá de estas oportunidades, Argentina presenta una estructura económica históricamente centralizada, con fuertes asimetrías territoriales. En el comercio digital, estas desigualdades no desaparecen, sino que tienden a replicarse e incluso a profundizarse. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) coinciden en señalar que los costos logísticos en la región pueden duplicar o triplicar los de países desarrollados, afectando especialmente a las economías ubicadas fuera de los grandes centros urbanos. Estas brechas impactan directamente en los tiempos de entrega, los costos de envío y la competitividad de las pequeñas y medianas empresas.
A estas limitaciones estructurales se suma el estado de la infraestructura vial. La ausencia de una política integral en materia de transporte impacta de forma directa en el comercio electrónico: encarece los costos, alarga los tiempos de entrega y limita la integración efectiva de regiones alejadas de los principales centros de distribución. Si bien es una problemática estructural, en los últimos años se profundizó el deterioro de rutas nacionales y la falta de inversión. Incluso, legisladores de espacios políticos y representantes de diferentes provincias han pedido en el Congreso que se declare la emergencia vial y se implementen políticas públicas desde el Estado Nacional para mejorar, mantener y ampliar rutas y corredores estratégicos.
A estas condiciones se agrega la persistencia de brechas en el acceso a la conectividad. Según datos del ENACOM, si bien el acceso a Internet se ha expandido en los últimos años, existen diferencias significativas en la calidad del servicio entre grandes centros urbanos y localidades más pequeñas. En este contexto, las cooperativas de telecomunicaciones cumplen un rol clave en la provisión de conectividad en zonas donde los grandes operadores no siempre llegan, contribuyendo a sostener la inclusión digital y territorial.
En este escenario, vale volver a la pregunta del inicio: ¿está preparada la infraestructura en Argentina para acompañar un modelo de comercio digital cada vez más intensivo en logística y distribución? Todavía hay muchas limitaciones. El crecimiento del e-commerce no puede sostenerse únicamente sobre la innovación tecnológica o la expansión de plataformas, sino que requiere condiciones muy concretas: rutas en buen estado, inversión en depósitos para almacenamiento (y sus correspondientes regulaciones), redes logísticas integradas, conectividad de calidad y una planificación territorial que reduzca desigualdades.
En definitiva, el desafío no es solo expandir el comercio digital, sino hacerlo de manera más equitativa para las economías regionales. Sin estas condiciones, el riesgo es que el e-commerce, en lugar de reducir brechas, termine consolidando nuevas formas de desigualdad en el territorio.





