Biocomunidad

"Sin espacios verdes, la ciudad termina siendo un lugar difícil de habitar"

Dahyana Palacios, directora de Arbolado Urbano de Río Tercero, detalla las iniciativas que puso en marcha el municipio: cortinas forestales y bosques de bolsillo. Además de sumar biodiversidad, buscan mayor sintonía entre las zonas urbanas y las zonas productivas

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biocomunidad entrevistas 2026 web (1) Fundación Colsecor

En Río Tercero, el arbolado urbano dejó de pensarse sólo como una estrategia para plazas y veredas para convertirse en una política pública integral. Con una cobertura vegetal del 77% y nuevos proyectos en marcha, el municipio avanza en la construcción de una red verde que conecta veredas, barrios y zonas productivas. A través de iniciativas como las cortinas forestales periurbanas y los bosques de bolsillo, se busca mejorar la calidad de vida, recuperar biodiversidad y fortalecer el vínculo entre comunidad y ambiente.

En el marco del proyecto Biocomunidad, la coordinadora del área Arbolado Urbano, Dahyana Palacios, bióloga, paisajista y docente, explica cómo se pensaron estos dos proyectos, las estrategias para que sea una política sostenida en el tiempo y cuánto y cómo participa la comunidad de Río Tercero. “El Estado es el 50% y el otro 50% es la ciudadanía”, enfatiza.

-Por qué es importante pensar el arbolado urbano en términos de calidad de vida?

Muchas veces el crecimiento de las ciudades se piensa desde lo edilicio, pero no desde la naturaleza en sintonía y conexión con ese desarrollo. Sin espacios verdes, sin arbolado, habitar la ciudad se vuelve más difícil. Y esto lo vemos claramente en las ciudades grandes, con el crecimiento edilicio sin planificación desde lo ambiental, cuando está científicamente comprobado que los entornos naturales generan bienestar y serenidad a sus habitantes. No es solo una cuestión estética; impacta directamente en la calidad ambiental y en la calidad de vida de las personas.  

-Uno de los proyectos más importantes es el de las cortinas forestales periurbanas. ¿En qué consiste, y en qué etapa están ahora?

La ciudad empezó a crecer y a quedar cada vez más cerca de las zonas productivas, lo que generó conflictos sociales entre vecinos y productores, especialmente por el temor a la deriva de agroquímicos. En ese contexto es que surge la necesidad de pensar el arbolado urbano de manera más amplia, no solo en veredas y plazas, sino también en el periurbano, donde existen parches de bosque nativo y campos de producción de granos.

A partir de esta problemática, en 2019 se comenzó a trabajar en una red verde que conectara lo urbano con lo rural. Y desde 2025 comenzó a implementarse a través de una ordenanza local alineada con la ley agroforestal de la provincia de Córdoba, que establece un encuadre claro sobre qué se pide y cómo debe implementarse. Actualmente, a los productores se les exige la presentación de un plan técnico elaborado por un profesional, que desde el municipio es evaluado y aprobado.

En cuanto al diseño, planteamos tres hileras. Una primera de crecimiento rápido, donde pueden incluirse especies exóticas como fresnos o álamos, que cumplen funciones inmediatas (la protección visual o protección del viento). Luego, una segunda y tercera hilera con especies nativas que aportan biodiversidad; en muchos casos se utiliza algarrobo, pensando también en posibles cambios futuros en el uso del suelo, por ejemplo, si de la producción agropecuaria el productor pasa a la ganadería. Y en la última línea se incorporan arbustos y especies que atraen polinizadores, para recuperar funciones ecológicas que se han ido perdiendo. Además, se tienen en cuenta cuestiones como el no incluir especies que tengan espinas en las zonas que son de alto tránsito.

Estas cortinas, por un lado, contribuyen a ordenar la convivencia entre lo urbano y lo productivo. Por otro, permiten generar indicadores ambientales: si las plantas presentan alteraciones en su crecimiento o en sus hojas, pueden estar indicándonos hasta dónde llega la deriva de agroquímicos y si los productores se están cumpliendo las normativas. Al mismo tiempo, ayudan a planificar el crecimiento urbano, ya que muchas de estas áreas serán barrios en el futuro, por lo que es clave pensar hoy en especies que no generen conflictos a largo plazo.

Biocomunidad- Abril
 

 

- ¿Qué recepción tuvieron de parte de los productores?

Al principio hubo incertidumbre por parte de los productores, pero se trabajó en articulación con organismos como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para brindar información técnica y despejar dudas. Cuando comenzó a exigirse su aplicación, ya existía un proceso previo de acompañamiento, entonces eso facilitó que hoy la recepción sea positiva. Desde el municipio brindamos asesoramiento técnico, aportamos parte de la producción del vivero local (porque son muchos productores y no podemos completar la cortina para cada uno), entonces los conectamos con programas de la provincia y con otras localidades, que también tienen viveros y les puedan facilitar el acceso a especies nativas.

-Otro proyecto interesante es el de bosques urbanos de bolsillo. ¿Cómo surge?

Ese proyecto también lo incluimos el año pasado y surgió a raíz de un relevamiento completo del arbolado urbano que hicimos con una app de geolocalización. Ese relevamiento nos dio un 77% de cobertura vegetal, que es un número muy bueno, pero también evidenció una gran mayoría de especies exóticas. Entonces nos preguntamos cómo volver a incorporar especies nativas, que estén mejor adaptadas al ambiente, sean menos propensas a enfermarse y con menos riesgo a caerse, por ejemplo. 

Y ahí surge la idea de los bosques de bolsillo como una alternativa, y lo tenemos reglamentado como espacios dentro de la ciudad para recuperar biodiversidad: árboles, arbustos y herbáceas nativas. El primero se hizo en un predio urbano vinculado a una organización social, con senderos y señalética, y cumple también una función educativa. Está dentro de la ciudad en una zona de barrios nuevos, y ya estamos proyectando replicarlo en otros dos espacios; si todo va bien, este año implementaríamos el segundo bosque de bolsillo. 

-La educación aparece como un componente central en lo que venís contando. ¿Cómo trabajan este aspecto?

Es uno de los pilares del arbolado urbano. Trabajamos con talleres para todas las edades. También articulamos con la Universidad Popular de la Universidad Nacional de Córdoba, que acerca formación técnica a la comunidad, a los vecinos.  Entonces, brindamos talleres de jardinería, huerta, poda y mantenimiento, que incluso se convierten en salidas laborales, en emprendimientos. Eso por un lado. Pero el vivero municipal funciona, también, como espacio educativo, especialmente para niños, que son grandes multiplicadores dentro de sus familias; nosotros decimos que son el principal “semillero”. Hace cinco, seis años que el municipio trabaja con este programa, en el que intentamos abarcar todos los actores sociales dentro del arbolado.  

¿Y entre esos actores sociales qué rol juegan las organizaciones?

Son fundamentales. Nosotros siempre decimos que el Estado es el 50% y el otro 50% es la ciudadanía. Actualmente trabajamos con organizaciones sociales, grupos scouts, productores de plantas nativas, hay una comisión asesora barrial (externa al municipio). Sin estas redes es difícil sostener las políticas en el tiempo y ampliar su impacto, porque no se trata solo de plantar árboles; hay producción en vivero, mantenimiento y articulación con otras áreas como la de gestión de residuos orgánicos y educación ambiental. Así, el arbolado urbano termina siendo transversal a otras áreas y a otras organizaciones sociales, más allá del municipio.

Para que el arbolado prospere a largo plazo tiene que haber un objetivo claro y la firmeza de “vamos a sostener esta política”. Pero, además, es clave generar esos aliados en la comunidad, con los productores, con las agrupaciones de scout, con la comisión barrial, con la Universidad, con el INTA. Son esas articulaciones las que le dan vida a esta política pública. 

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