La Norpatagonia argentina es uno de los reservorios de gas y petróleo no convencional más grandes del mundo, a partir de la explotación de la formación geológica de Vaca Muerta. El boom energético colocó a esa zona en el centro de la agenda económica nacional y generó expectativas de desarrollo sin precedentes. El impacto, especialmente en la última década y media, se observa tanto en un vertiginoso cambio demográfico, como en el pasaje de economías regionales rurales a actividades extractivas en el sector petrolero. Pero también en el crecimiento de las desigualdades sociales, efectos especulativos del mercado inmobiliario y controversias sobre el impacto ambiental en la región.
En esta entrega, la agenda pública de la Fundación COLSECOR explora lo que ocurre alrededor de un activo productivo como Vaca Muerta, la joya que el Estado nacional y estados provinciales esperan transformar en divisas. El proceso afecta principalmente a la zona de Norpatagonia, en localidades vecinas como Añelo, la población más cercana y, por lo tanto, epicentro de la explotación de gas y petróleo.
Vaca Muerta, ayer y hoy
En el año 2008, en ese momento todavía bajo el control de la firma española, YPF-Repsol retomó el rastreo territorial que había explorado durante la década de 1920, en búsqueda de nuevos yacimientos de hidrocarburos. En 2012, Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) anunció la expropiación del 51% del paquete accionario que estaba en manos de Repsol. “Somos el único país de Latinoamérica y casi del mundo que no maneja sus recursos naturales”, afirmaba la mandataria por cadena nacional. YPF, además de ser la mayor empresa de Argentina, posee una participación mayoritaria en el mercado de combustibles en el país. A menos de un mes del anuncio, el Congreso de la Nación sancionó la Ley de Soberanía Hidrocarburífera Nº 26.741. Si bien el resto del paquete accionario está en manos de privados de diferente procedencia, el control de la empresa lo tiene desde entonces el Estado nacional. Las cifras oficiales estiman que Vaca Muerta es un reservorio de 927 millones de barriles, de los cuales el 80% corresponde a petróleo y el 20% restante a gas.
A partir de ese momento, las localidades de la cuenca cobraron un protagonismo inusual. Con más de 850 km² y más de 600 mil habitantes en 2022, constituyen el principal conglomerado urbano de la Patagonia argentina: Senillosa, Plottier, Neuquén Capital, Añelo, Centenario, Vista Alegre y San Patricio del Chañar, en territorio neuquino, y Allen, Fernández Oro, Cipolletti, Cinco Saltos, Contralmirante Cordero y Campo Grande, en Río Negro. Históricamente ligada a la fruticultura del Alto Valle, la región experimentó desde la década de 1970 un cambio en su perfil productivo debido al avance del sector hidrocarburífero y la construcción de grandes represas hidroeléctricas. Lo que la explotación de Vaca Muerta provocó en estos últimos años fue una aceleración radical de estos cambios. La llegada de inversiones y trabajadores dinamizó el crecimiento poblacional, estimuló procesos migratorios internos y externos, y multiplicó la expansión de la mancha urbana, señala en su reciente tesis de maestría Cecilia Barrera, investigadora externa de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional del Comahue. Sin embargo, esa expansión no siempre estuvo acompañada por la provisión de infraestructura, servicios básicos y planificación territorial, y eso derivó en múltiples contradicciones, “en muchos casos con dificultades de seguridad ciudadana”, amplía Barrera, en diálogo con Fundación COLSECOR.
Añelo, la localidad que más creció en 2022
El impacto demográfico de Vaca Muerta es evidente en las estadísticas censales. Neuquén capital pasó de 231.780 habitantes en 2010 a 288.896 en 2022; Plottier, de 33.600 a 52.190; Centenario, de 34.421 a 48.721; y Cipolletti, de 85.161 a 105.482 en el mismo período. La tendencia se repite en la mayoría de las ciudades con tasas de crecimiento superiores al promedio nacional, con la excepción de Contralmirante Cordero y Campo Grande, donde la actividad predominante sigue siendo la fruticultura
Censo 2001 Censo 2010 Censo 2022 Neuquén
Senillosa 6.394 8.130 11.229 Plottier 25.186 33.600 52.190 Neuquén Capital 203.190 231.780 288.896 Añelo 1.742 2.689 6495 Centenario 28.956 34.421 48.721 Vista Alegre 2.857 3.178 4.277 San Patricio del Chañar 5.063 7.457 10.888 Río Negro
Allén 26.083 27.443 31.864 Fernández Oro 6.813 8.629 15.788 Cipoletti 75.078 85.161 105.482 Cinco Saltos 19.819 24.138 27.566 Contralmirante Cordero 2.782 3.322 2306 Campo Grande 4571 5.206 3502
El caso más destacado es la localidad de Añelo, la puerta de entrada a los yacimientos. Originalmente agrícola, con producción hortícola y ganadera caprina, reconfiguró por completo su perfil productivo hacia la actividad hidrocarburífera y en sólo una década incrementó su población en un 58%, convirtiéndose así en uno de los distritos de Argentina con mayor crecimiento de 2010 a 2022. Desde el municipio, incluso, sostienen que la cifra está subrepresentada en el censo y no refleja el auge migratorio que vive a diario la ciudad cabecera de Vaca Muerta. Aún con las dudas del registro oficial, si se toma todo el Departamento, integrado por localidades como San Patricio del Chañar y la propia Añelo que le da nombre, pasó de tener 10.786 a 18.166 habitantes en 2022, es decir, un +68,4%, mientras que en la comparativa anterior (censo 2001 a censo 2010) había crecido un 42%.
Los únicos casos de localidades del aglomerado norpatagónico que no aumentaron su población son Contralmirante Cordero y Campo Grande, asociado a su “prevalencia de las actividades rurales. No es tan visible los procesos de expansión de las machas urbanas en esas ciudades, aunque sí se observa y alerta sobre el avance de la actividad hidrocaburífera sobre chacras”, explica Barrera.
El crecimiento en general en la región es alimentado por las migraciones que provienen tanto de provincias argentinas como de países latinoamericanos. Muchos de los recién llegados son trabajadores vinculados al sector hidrocarburífero, incluidos técnicos especializados, sostiene Barrera. De ese modo, el tránsito estimado en la zona es de 1.400 trabajadores petroleros diarios. También hay flujos de personas que buscan insertarse en servicios, comercio y actividades derivadas. Todo ese movimiento generó expectativas de progreso económico, aunque también tensiones vinculadas a la integración social, la alta demanda de vivienda y la necesidad de mayor infraestructura y conectividad.
En Añelo los servicios sanitarios, educativos y habitacionales quedaron rezagados frente a la demanda, por lo cual se genera un crecimiento urbano desestructurado: por un lado, viviendas precarias carentes de infraestructura; por otro, aumento de precios por la escasez de oferta. Este mismo escenario se vive en las localidades como Plottier, Centenario, Cinco Saltos y Fernández Oro, como sostienen varios estudios académicos.
Transformaciones productivas y del trabajo
Hasta mediados de 2025 se estimó la perforación de unos 1.600 pozos en la formación, lo que consolidó un proceso de reconversión productiva sin precedentes. Localidades como Añelo, antes ligadas a la fruticultura, vitivinicultura o a la ganadería caprina, pasaron a depender casi exclusivamente de los servicios petroleros y del entramado logístico asociado a la explotación hidrocarburífera. Este viraje no solo reconfiguró las actividades económicas, sino también la estructura laboral y social de la región.
El arribo masivo de trabajadores migrantes -tanto especializados como no calificados- modificó de raíz las dinámicas locales. La estructura laboral en Vaca Muerta se caracteriza por la subcontratación y la temporalidad de los contratos, lo que genera ciclos de auge y retracción estrechamente vinculados a la volatilidad de los precios internacionales del crudo. El resultado es un mercado laboral inestable, cuyos impactos se extienden al acceso a la vivienda, al aumento de precios en bienes y servicios básicos y a la cohesión social.
Estudios académicos, como este trabajo de Javier Serrano Besil, investigador de la UBA-Conicet, señalan que la brecha salarial entre trabajadores petroleros y quienes permanecen en actividades tradicionales o servicios locales es cada vez más pronunciada. Esta diferencia produjo un desplazamiento de mano de obra agrícola hacia el sector hidrocarburífero y profundizó tensiones sociales: la oposición entre “nacidos y criados” y migrantes con mayores ingresos se traduce en desigualdades que se reflejan en ámbitos cotidianos como escuelas, comercios y barrios. La promesa de prosperidad, así, convive con un escenario de fragmentación social y territorial.
El lugar de las pymes
El desarrollo de Vaca Muerta no está protagonizado únicamente por grandes operadoras multinacionales o YPF. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) cumplen un rol fundamental en la cadena de valor, aunque enfrentan limitaciones estructurales y coyunturales. En los últimos años, los gobiernos provinciales y también YPF impulsaron programas de financiamiento y asistencia técnica para integrarlas al ecosistema energético. Sin embargo, referentes locales denuncian que los grandes convenios marco dejan afuera a proveedores de la región.
El presidente de la Cámara de Comercio de Añelo, Raúl Martín, advirtió recientemente que muchas operadoras contratan insumos y servicios en otras provincias, relegando a las empresas locales y afectando su productividad. “Cuando llegan cercos prefabricados desde Comodoro Rivadavia, me pregunto por qué no puede hacerlos el herrero que tengo acá al lado”, planteó. A pesar de contar con capacidad instalada y experiencia, los proveedores neuquinos deben competir con firmas metalmecánicas de polos consolidados como Santa Fe, que llegan con respaldo sindical y financiero más robusto.
La situación se agrava por la caída de la inversión en 2025, los vaivenes del precio internacional del crudo, la inflación y los obstáculos para acceder a créditos. Más de la mitad de las pymes reportaron una baja de actividad, lo que compromete su supervivencia y limita el potencial desarrollo económico sobre las localidades de confluencia.
Aun así, las pymes mantienen ventajas claras: la cercanía territorial y la flexibilidad para responder con rapidez a demandas de equipamiento, transporte, mantenimiento o logística. Además, su inserción favorece políticas de consumo local, genera encadenamientos productivos y permite diversificar la economía en ciudades como Añelo, Rincón de los Sauces o Centenario. Desde una mirada cooperativa, fortalecer el sector pyme aparece como condición necesaria para evitar que Vaca Muerta termine configurándose como un enclave extractivo desconectado del desarrollo regional.
La cuestión de la arena, otro foco de conflicto
El fracking, técnica central de la explotación no convencional, sintetiza las tensiones entre las promesas de empleo y los riesgos socioambientales. El proceso requiere grandes volúmenes de agua, arena y químicos, lo que convierte a la arena en un insumo estratégico. En los últimos años, la sustitución de arena patagónica por material importado desde Entre Ríos o Brasil derivó en despidos masivos, paros y protestas de sindicatos de camioneros y trabajadores de plantas proveedoras.
Estos conflictos exponen la fragilidad de la cadena de suministros y la dependencia de recursos clave, pero también reavivan los reclamos ambientales. La extracción de arena en ríos y canteras de Norpatagonia provoca erosión, alteración de ecosistemas y contaminación de cursos de agua, mientras que la falta de regulaciones homogéneas entre provincias habilita prácticas de alto riesgo ambiental. Estudios de la Universidad Nacional del Comahue y de la Universidad de General Sarmiento y la Universidad Nacional de La Plata coinciden y advierten sobre el manejo deficiente de aguas residuales y el impacto acumulativo del uso intensivo de recursos en territorios donde aún conviven actividades agrícolas y frutícolas.
Así, los reclamos sindicales y ambientales se entrelazan en un escenario de disputas múltiples. Por un lado, los trabajadores defienden empleos de calidad, en muchos casos anclaje de identidad local, frente a la amenaza de flexibilización y recortes; por otro, comunidades locales y organizaciones socioambientales denuncian el deterioro de los recursos hídricos, la contaminación y la falta de control estatal. En este cruce, Vaca Muerta se convierte en un manojo de tensiones que trascienden lo técnico-productivo para instalar la pregunta central: ¿qué modelo de desarrollo se busca consolidar y a qué costo social y ambiental?
Pensarse como región
Académicos y dirigentes locales coinciden en la necesidad de repensar Vaca Muerta no solo como un activo energético, sino como una oportunidad de articulación territorial. Sin embargo, no es lo que sucede, especialmente en los últimos años. Como señala Barrera, a partir del cambio de gestión en diciembre de 2023, “uno de los grandes impactos es el desfinanciamiento de la obra pública por parte del gobierno nacional y las dificultades de los gobiernos provinciales y municipales para dar respuesta a las problemáticas del territorio, con menores posibilidades”. La investigadora, quien formó parte del equipo de coordinación de Estudios estratégicos para el Desarrollo Territorial de la Región “Vaca Muerta”, en 2013, solicitado por el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y servicios, agrega que, en paralelo, “los gobiernos provinciales tanto de Neuquén como de Río Negro buscan centrar sus gestiones del territorio dentro de los límites de cada provincia, desentendiendo la dinámica de la región metropolitana en su conjunto”.
Barrera subraya, en su charla con la Fundación, la necesidad de una agenda política que implique pensarse como región, más que como suma de municipios aislados. De lo contrario, “las respuestas seguirán llegando tarde, fragmentadas y sin capacidad de enfrentar los problemas estructurales”, finaliza Barrera. Hoy, los gobiernos locales se ven desbordados por urgencias de corto plazo, mientras que el desfinanciamiento de la obra pública nacional limita la capacidad de respuesta. Así, la posibilidad de que Vaca Muerta se transforme en un vector de desarrollo sostenible dependerá menos de los pozos perforados que de la capacidad de articular políticas interjurisdiccionales que incluyan a las propias comunidades en instancias de participación y decisión.




